¿Es la cosmética que consumimos realmente cruelty free?

16 Abr, 2021

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Estamos sobrecogidos. Las imágenes provenientes del laboratorio madrileño Vivotecnia que han dado la vuelta al mundo han hecho que a muchos de nosotros se nos llenen los ojos de lágrimas. En los vídeos captados por Carlota Saorsa, una activista infiltrada en el laboratorio desde 2018, podemos ver como los empleados insultan y torturan hasta la muerte a conejos, monos, perros y ratones (puedes verlo aquí, pero te advierto que podría herir muchísimo tu sensibilidad). Muertos de miedo, sangran y gritan ante este maltrato, que creíamos erradicado desde hace años gracias a la legislación vigente.

Carlota le comunicó estas prácticas a su supervisor y a las autoridades, pero no le hicieron caso: tuvo que recurrir a una ONG internacional para destapar lo ocurrido. ¿Lo peor de todo? Que en este laboratorio se realizaban inspecciones periódicas, que estaba dentro del Acuerdo de Transparencia de la Confederación de Sociedades Científicas Españolas y que ha recibido subvenciones del Ministerio de Ciencia e Innovación, según Barbara González, divulgadora científica y activista.

Sin duda, este fenómeno ha hecho que los consumidores sientan rechazo y desconfianza hacia las empresas y organismos implicados, además de generar muchas dudas sobre la ley actual y preguntarnos si las marcas de cosmética que consumimos día tras día son realmente transparentes con respecto a la experimentación con animales.

El movimiento cruelty free ha estado cobrando cada vez más fuerza durante los últimos años, pero con el caso Vivotecnia creo que hemos llegado a un punto de inflexión, incluso entre consumidores que no eran tan sensibles al maltrato animal. Así nos lo confirma Google Trends, donde podemos ver cómo los términos de búsqueda «cruelty free» han experimentado un aumento exponencial de búsquedas en la última semana.

Pero, ¿no estaba prohibida la experimentación con animales en la industria cosmética de la UE?

Desde hace unos años esta práctica es reconocida como maltrato animal por la UE, así que en el año 2009 se creó la ley que hizo ilegal el test con cosméticos en animales en toda la Unión Europea o la venta o la importación de ingredientes para cosméticos que hayan sido probados en animales. No fue hasta el año 2013 que se incluyó a los productos que se tuvieran que probar por posible toxicidad. Aún así, las marcas que demuestren que no pueden tener otro sistema fiable que garantice la salud de los consumidores podrán seguir realizando estos test.

Por otro lado, si una marca internacional desea vender sus productos en China deberá someterlos al testado en animales (aunque parece que la normativa China está cambiando), exceptuando los provenientes del comercio online. Por lo tanto, cualquier marca que comercialice cosméticos en el marco de la UE y sea en teoría cruelty free, podría no serlo si finalmente está vendiendo sus productos en China

¿Qué podemos hacer al respecto como consumidores?

Como consumidores, lo único que podemos hacer para asegurarnos de que una marca es cruelty free es fijarnos en si incorpora algún sello que certifique que la marca está libre de crueldad animal, como PETA, Leaping Bunny o CCF (Choose Cruelty Free). Ojo: que una marca no tenga el sello no significa que no cumpla con la normativa, pero es un plus que nos hace sentir más seguros con nuestra decisión de compra, eso está claro. 

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Sellos Cruelty Free más conocidos, de izda a derecha: PETA, Leaping Bunny y CCF

Cabe decir que cada sello tiene sus propios requisitos, con lo cual hay algunos bastante más exigentes que otros. Por ejemplo, PETA sería el más fácil de obtener (la empresa sólo debe rellenar un cuestionario y firmar un certificado) mientras que Leaping Bunny y CCF tienen unos requisitos mucho más completos y fiables, como la obligación de someterse a auditorías externas. En el siguiente enlace puedes ver una lista de las marcas con el certificado de Leaping Bunny, uno de los más estrictos de la actualidad. 

Para concluir, y aún teniendo en cuenta que la Unión Europea ha sido pionera en la aplicación de leyes que prohiban la experimentación con animales en productos cosméticos, todavía queda mucho camino por recorrer a nivel internacional. Como consumidores se nos hace muy difícil esclarecer si las marcas son realmente libres de crueldad animal, y después del maltrato captado en el laboratorio Vivotecnia, nuestras exigencias están por las nubes.  

Lo que está claro es que a partir de ahora las marcas de cosmética serán bombardeadas con preguntas, dudas y demandas de más transparencia por parte de los consumidores, y deberán ser capaces de satisfacer unos estándares cada vez más exigentes.

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